Hablando del placebo…

En la práctica clínica, ¿cuántas veces hemos oído hablar del efecto placebo cuando algún paciente ha mejorado sin haberle tratado con la medicación adecuada? ¿Sabemos que significa eso?

Por esto he leído el pasado Boletín de Infac (¿Qué sabemos sobre el efecto placebo?) dónde también se lo han cuestionado y  hacen un repaso sobre el tema.

Empezando por lo básico, entendemos como placebo un procedimiento determinado o sustancia que produce un resultado en el paciente por el poder de su intención terapéutica i no por la naturaleza o característica del mismo. No sólo llamamos placebo a la sustancia sin ingredientes farmacológicos activos (puro) sino también a aquello que se prescribe con otro fin (impuro o pseudoplacebo). De esto podemos extraer dos conceptos más: el efecto placebo (efecto beneficioso) y  efecto nocebo (al contrario, efectos adversos o perjudiciales)

¿Cómo se explica el efecto placebo?

Los principales mecanismos, y más estudiados,  son dos: las expectativas relacionadas sobre el tratamiento y el condicionamiento clásico.  La actitud del paciente y sus experiencias previas que pueden condicionar las expectativas futuras, influyen de manera importante: cuanto mayor sean las expectativas, mayor será el efecto placebo. Del mismo modo, expectativas negativas (pacientes con frecuentes reacciones adversas, conductas ansiosas, temor…) producirán mayor efecto nocebo. El condicionamiento es capaz de modificar procesos fisiológicos no conscientes en el pacientes, tales como la secreción hormonal o inmune.  El condicionamiento clásico se define como la asociación de estímulos neutros y activos puede resultar en la capacidad del neutro en provocar la respuesta del activo.

Otro aspecto importante del efecto placebo es su respuesta en enfermedades psicosomáticas y/o que causan dolor. Esto es debido a que el placebo activa vías bioquímicas tales como la dopaminérgica y opioide, así como serotoninérgica y endocannabinoide.

Hay otros factores que influyen igualmente en la respuesta terapéutica, desde la relación médico-paciente y la confianza entre ellos, la personalidad del paciente, su entorno socio-cultural y la propia presentación del fármaco (como color, precio, marca…cuantas veces los pacientes nos comentan que el fármaco no hace tanto efecto desde que la farmacia le ha cambiado la marca…)

El placebo lo utilizamos, mayormente, en dos situaciones:

  • Ensayos clínicos. Para demostrar la eficacia en un medicamento en estudio. Se le administra al grupo control para discriminar los efectos causados por el medicamento de otros factores. Se acepta su uso siempre que no haya otra intervención probada con la que se pueda comparar.
  • En la práctica clínica. Es más habitual el uso de placebo impuro, es decir, cuando damos antibióticos cuando no haya justificación, dosis subóptimas, vitaminas, etc… sobre todo por la insistencia del paciente, para calmarlo, o porque no hay otra opción terapéutica. En esos casos existe más controversia, ¿se considera ético si no se informa adecuadamente al paciente?

Como conclusión, hay muchos factores que influyen en el efecto placebo, no sólo el “fármaco” en sí. Tenemos que evitar el “engaño”  e intentar identificar y reforzar  los aspectos del encuentro médico-paciente, creando expectativas adecuadas y  dando información sobre el tratamiento, facilitando así la recuperación y el bienestar del paciente.

Una respuesta

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