¿Qué hacemos con la Medicina Rural?

Coincidiendo con la publicación de este artículo se perfilan los detalles de última hora de las IV Jornadas de Medicina Rural de la SEMFYC, en Logroño. Unas Jornadas con un programa de calidad, en un congreso sostenible y accesible en el cual están implicados algunos compañeros destacados, muestra cómo poco a poco parece que la Medicina Rural va siendo más visible. Otra prueba de ello fue la presencia destacadísima de este ámbito en el reciente congreso de la SOVAMFIC en nuestra ciudad, Castelló de la Plana, donde el mundo rural era mucho más que un simple atrezzo en el programa científico y organizativo del evento formativo.

Si fuisteis alguna de las personas que leyeron mi anterior artículo sabréis que desempeño, muy felizmente, mi labor médica en un pequeño pueblo de nuestra provincia, concretamente en la comarca del Alt Maestrat. Además, nada más terminar mi formación como facultativo especialista ejercí como JMF en diferentes municipios de pequeño tamaño del departamento, donde fui acabando de formarme como profesional sanitario dedicado a la Atención Primaria. Es decir, reconozco mi falta de neutralidad en el asunto pero considero que la problemática con respecto a este ámbito de la Medicina debiera preocuparnos a todos y todas, especialmente a la gente de nuestras comarcas.

Semanas atrás aparecía una noticia en la prensa generalista alertando, una vez más, de la “falta de médicos (médicas)” que vive nuestro país y lo que ello puede suponer, especialmente en aquellas zonas más despobladas y menos “atractivas” profesionalmente. Si conocemos un poco, aunque sea por encima, las características de nuestra tierra seremos conscientes que estamos en una zona especialmente vulnerable, por tener más de la mitad de nuestros municipios con una población inferior a los mil habitantes, con un rango de dispersión entre municipios muy significativa y un riesgo real de despoblamiento.

Quizás haya quien piense que estas preocupaciones puedan ser una frivolidad al tener noticias a diario de las listas de espera eternas para poder conseguir una cita con su Médica de Familia en algunos centros de salud del área metropolitana de Castelló. Por no hablar de las condiciones de cuasi “estajonovismo” que pueden llegar a vivirse en las consultas, alcanzando de manera habitual los cuarenta pacientes visitados y, en algunos casos, rozando la cincuentena. Soy consciente de la situación al haberla vivido, pero espero que no caigamos en el “aquí estamos peor” y podamos tener una visión a largo plazo.

A largo plazo vemos un futuro azul oscuro casi negro. La población de los municipios de interior va decreciendo cada día más, quedando una media de edad elevadísima y con un nivel de dinamismo en estas zonas claramente limitado. Poco a poco se van a dar cada vez más las condiciones idóneas para una tormenta perfecta: unos municipios con una población menguante y cada vez más envejecida pueden ser carne de cañón para la quita de recursos sanitarios y amortizaciones de plazas con el consiguiente deterioro de servicios públicos; deterioro que, sumado a la falta de oportunidades económicas que hagan de polo de atracción a gente más joven, van a hacer disuadir a aquellas personas jubiladas que querrían volver a “sus pueblos” en caso de no encontrar un servicio sanitario básico de calidad suficiente.

Como decía mi querido compañero Nel·lo, un médico o médica rural es algo más que un profesional sanitario. Forma parte de uno de los puntales de una comunidad humana que puede verse en riesgo de desaparición por el simple hecho de que una plaza vacante sea amortizada o simplemente quede como poco “atractiva” en el actual status quo de oferta y demanda que vivimos en nuestro ámbito.

Será importante pues, ver cómo podemos afrontar este reto. Planteando, por ejemplo y llegado el caso, incentivos económico-laborales para quién quiera asentarse allí con su familia a trabajar. O cómo podemos mostrar esta parte hermosa de nuestro trabajo, tanto a estudiantes como residentes, para que vean que hay algunos lugares fuera de la zona de confort que pueden brindar oportunidades laborales y vitales altamente recomendables. Quien lo prueba, no se arrepiente, os lo digo yo.

 

 

Hoy más que nunca, por todos aquellos que todavía siguen esperando su reparación tras más de 40 años.

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