Recomendación literaria en tiempos de coronavirus: LA PESTE

A propósito de la pandemia causada por el Sars-Cov-2, en Docencia Rafalafena hemos querido rescatar un clásico como La peste, de Albert Camus. Nos propusimos el ejercicio de leer el libro y redactar entre todas una serie de reflexiones, intentando establecer paralelismos ( o no) entre lo que se describe en la novela y la situación por la que hemos pasado. Este es el resultado, que esperamos os resulte interesante:

La novela, publicada en 1947, narra los estragos de una epidemia de peste que azota Orán, y que conlleva la imposición de un estricto aislamiento que saca a relucir lo mejor y lo peor de la población. En este sentido, resulta interesante reflexionar sobre los evidentes paralelismos con la situación que hemos vivido los últimos meses.

Ciertos comportamientos descritos en la obra se han visto reflejados en la realidad reciente: el acúmulo de bienes desmedido, el despunte de un individualismo carente de sentido moral, la lentitud de la sociedad para apreciar la gravedad de la situación y la dificultad para adaptar el modo de vida a las exigencias que requiere la pandemia. Todo ello acompañado de sentimientos de miedo, angustia, incertidumbre, desasosiego o angustia ante lo desconocido

Estas coincidencias nos han llevado a reflexionar sobre cómo las situaciones límite implican la aparición de un patrón de conducta que se repite a lo largo de la historia del mundo occidental. Parece que algunas personas, independientemente de lugar y época, reaccionan ante las emergencias que amenazan su vida de forma individualista y llevando a cabo cualquier acción que garantice su propia supervivencia. Sin embargo, y aunque esos casos aislados tienen mucha más repercusión mediática, el grueso de la sociedad termina por tener conciencia colectiva y actúa pensando en el bien común.

También resulta interesante destacar la figura del protagonista de la novela, con quién nos hemos sentido identificadas en muchas ocasiones. Se trata de un personaje (médico) que se ve abrumado por la realidad, que ha de tomar cierta distancia emocional respecto al sufrimiento que le rodea. Se ve en la obligación de mantener su trabajo con la máxima intensidad, de forma mecánica, sin poder pararse a pensar en cómo le hace sentir todo lo que está pasado. Creo que esta ha sido la situación de muchos de los profesionales sanitarios que han estado en primera línea durante la pandemia del COVID.

El protagonista habla de un sentimiento de abstracción casi como una despersonalización que muchos de nosotros hemos sentido. La sensación de estar sin ser y tener la mente focalizada a la vez que perdida. Viviendo, además, una experiencia paralela como sanitarios a la del resto de la población. La información (o el exceso de ella) nos ha atiborrado hasta la extenuación.

Durante la crisis sanitaria hemos vivido situaciones de agotamiento físico, de miedo al contagio, de preocupación acerca de seres queridos y compañeros, de incertidumbre sobre cómo gestionar el día a día… Además, se ha dado notoriedad mediática a casos aislados en los que se ha actuado de forma irresponsable y egoísta. Sin embargo, también pensamos que la crisis sanitaria ha sacado lo mejor de la sociedad como colectivo. Recordamos las iniciativas ciudadanas de acompañamiento a enfermos y familiares, de apoyo entre profesionales, el apoyo desinteresado a colectivos más vulnerables…

Asimismo, podemos extraer de la novela ciertas advertencias como son el riesgo de “acostumbrarnos” a este estado de alerta, perder el miedo y bajar la guardia olvidando o descuidando las medidas de prevención que han demostrado ser de gran importancia en evitar la propagación de las pandemias, o el riesgo de centrarnos en cifras y dejar de ver a las personas que hay detrás de cada uno de los fallecidos o curados.

En conclusión, nos quedamos con esta reflexión del autor, que invita a pensar que hasta de las situaciones más desagradables puede extraerse un aprendizaje:

“La intención del narrador no es, sin embargo, dar a estas formaciones sanitarias más importancia de la que tuvieron. De hallarse en su lugar, es seguro que muchos cederían hoy a la tentación de exagerar su papel. Pero el narrador está casi tentado de creer que, dando demasiada importancia a las acciones hermosas, se acaba rindiendo un homenaje indirecto, pero eficaz, al mal. Pues entonces se permite suponer que, si esas buenas acciones no tienen precio, es porque son raras y porque la maldad y la indiferencia son más frecuentes en los actos de los hombres. Es un parecer que el narrador no comparte. El mal que hay en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia y la buena voluntad puede hacer tantos estragos como la maldad, si no es iluminada. Los hombres son, más bien, buenos que malos, y, ciertamente, la cuestión no está ahí. Pero ignoran más o menos, y eso es lo que se llama virtud o vicio, siendo el vicio más desesperante el de la ignorancia que cree saber todo y se estima entonces autorizada para matar. El alma del criminal es ciega y no hay verdadera bondad ni amor hermoso sin toda la clarividencia posible.”

Por todo ello os invitamos a descubrir o releer esta fantástica novela y a compartir vuestras reflexiones al respecto.

Entrada realizada por Elena Carrasco, Patricia Cantos y Marta Frau. Tuteladas por MJ Monedero

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Una respuesta

  1. Buenos días, me parece una lectura muy apropiada en esta época, sin duda la añado a mi lista de lectura. Gracias por el análisis y la recomendación.

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