LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE EN LA PRÁCTICA MÉDICA

La entrada de este viernes es de un tema al que, dado que no es estrictamente clínico, le dedicamos poco esfuerzo a pesar de las múltiples evidencias de su importancia en la práctica habitual y en la relación médico-paciente: el lenguaje.

Recientemente se han publicado varios artículos en este sentido, uno en el número de diciembre de AMF y otro en abril de este año en el British Medical Journal, referenciados al final en la bibliografía, de los que me ha parecido interesante realizar un resumen que espero sea de utilidad.

El lenguaje es un vehículo para compartir conocimiento y un medio para expresar y comunicar nuestros valores a otros. En el contexto médico, el lenguaje tiene una función más allá de transmitir información entre el paciente y el profesional sanitario, ya que además tiene el potencial de dar forma a la relación terapéutica. La forma en la que nos expresamos y la utilización de ciertas frases o palabras pueden afectar a la manera en la que el paciente ve su salud y su enfermedad, reflejar las percepciones y prejuicios del profesional sanitario sobre sus pacientes e influenciar el cuidado médico y los tratamientos ofrecidos. Además, no solo es importante el lenguaje que utilizamos con nuestros pacientes, sino también con nuestros compañeros de profesión, ya que el lenguaje en el contexto sanitario también tiene una gran influencia en la forma en la que pensamos, hablamos y actuamos, pudiendo perpetuar sesgos y prejuicios integrados en el imaginario colectivo que nos influyen negativamente.

Hay múltiples estudios que avalan la importancia del lenguaje en el acto médico, mostrando un gran impacto positivo en cuanto a la toma de decisiones compartidas y mejorando la confianza y la relación médico-paciente. Pese a que el uso de lenguaje despectivo o humillante que históricamente se había utilizado ya es casi universalmente reconocido como inaceptable, el uso de lenguaje que menosprecia, pone en duda o es culpabilizador continúa a la orden del día y se utiliza de forma muy común, tanto verbalmente como al escribir en la historia clínica.

Sería prácticamente imposible crear una lista de todas las palabras o frases potencialmente dañinas en el contexto médico, pero sí podemos poner ejemplos muy frecuentes en la práctica clínica que los pacientes han señalado como negativo o que están descritos en la literatura.

Lenguaje que pone en duda al paciente

Algunas expresiones usadas de forma muy frecuente en la práctica clínica proyectan implícitamente una sombra de duda sobre la experiencia del paciente o infiere cierto grado de petulancia. Algunos ejemplos:

  • La palabra “queja”. Por ejemplo: el paciente se queja de dolor abdominal. Esa palabra tiene una connotación negativa.
    • Alternativas: las palabras problema o preocupación sugieren más comprensión y empatía por el relato del paciente.
  • En las historias clínicas en ocasiones utilizamos lenguaje que cuestiona la autenticidad de los síntomas del paciente. Por ejemplo, a menudo traducimos la ausencia de síntomas o hábitos como que el paciente “niega”. Por ejemplo: “el paciente niega consumo de tóxicos”, “el paciente niega fiebre”. Negar es rechazar admitir la verdad o la existencia de algo, y el término puede insinuar falta de confianza.
    • En un estudio en el que se examinaron las reacciones de los pacientes a informes y notas evolutivas, éstos respondieron negativamente al lenguaje que cuestiona la validez de sus experiencias. Un paciente fijo: “yo no negé esas cosas. Dije que no las sentía. Es completamente diferente. El lenguaje importa”.
    • Otro ejemplo, escribir “el paciente refiere que su dolor es de intensidad 10/10”, en lugar de “el paciente experimenta un dolor de intensidad 10/10. Esto implica cierto grado de desconfianza.
    • Esto no quiere decir que en ciertas ocasiones en las que conocemos bien a un paciente, o una exploración complementaria contradice algo que el paciente ha afirmado (por ejemplo, el paciente afirma no consumir tóxicos, pero en el examen toxicológico sale positiva alguna sustancia), puede ser apropiado utilizar lenguaje que exprese escepticismo. No obstante, este tipo de términos se utilizan con muchísima frecuencia en situaciones en las que no hay una base razonable para tener dudas, probablemente en relación con un mal hábito más que por escepticismo per se.
    • Además, es curioso el contraste del lenguaje utilizado para describir la experiencia o los síntomas que relata el paciente con respecto al que utilizamos para describir nuestras observaciones, que solemos describir como “observamos”, “encontramos”, “impresiona de” etc. Por ejemplo, nunca decimos: “el doctor refiere no haber auscultado soplos”.

Lenguaje que posiciona al paciente como parte pasiva o infantil

Gran parte del lenguaje que utilizamos en la práctica clínica posiciona al paciente como objeto de las acciones del profesional, confiriéndole pasividad a la vez que enfatizamos la posición de poder del médico. Por ejemplo, los médicos “aceptan un caso” o “envían al paciente a casa”.

Este tipo de lenguaje se utiliza muy frecuentemente y es muy clarificador en condiciones como la diabetes. Hay cierto autoritarismo en decir, por ejemplo, que los pacientes no tienen permitido comer cierto tipo de alimentos porque lo ha dicho su médico. Esto hace que, aunque algunos puedan encontrar este tipo de lenguaje frustrante y molesto, otros adoptan una narrativa infantil, describiendo el efecto como ser “desobediente” o “haberse portado bien” o afirmando que van a ser “regañados” por el médico.

Las palabras “cumplimento” o “no cumplimento” (en relación con la toma de la medicación) reflejan también autoritarismo, sugiriendo que el paciente debe obedecer y cumplir con las recomendaciones del médico. Los pacientes que han sido catalogados en la historia clínica como “no cumplidores del tratamiento” no sienten que esto refleje la realidad de sus circunstancias y prefieren el término adherencia, que se sugiere como una alternativa y refuerza la visión de la toma compartida de decisiones buscando un objetivo común.

Lenguaje que culpabiliza a los pacientes

Otra categoría problemática en cuanto al uso del lenguaje en la práctica clínica diaria es la que implícitamente culpabiliza al paciente de sus malos resultados.

Siguiendo con el ejemplo de la diabetes, los pacientes también encuentran estigmatizante el uso de “diabético mal controlado”, sintiéndose juzgados. Algunos pacientes van a tener dificultades para manejar su condición por circunstancias ajenas a su control.

Otro ejemplo en el que este tipo de lenguaje se suele utilizar es en el abuso de sustancias. Por ejemplo, en un estudio se comparó una viñeta en la que ponía en un bocadillo “consumidor de tóxicos” vs “paciente que tiene un trastorno de abuso de sustancias” y encontraron que cuando se utilizaba el primero los profesionales sanitarios estaban de acuerdo en que el paciente era culpable y se deberían tomar medidas punitivas.

Otro ejemplo frecuente es el de utilizar términos como “gordo” u “obeso” para dirigirnos o describir en la historia clínica a nuestros pacientes. Los participantes de un estudio consideran dicho lenguaje culpabilizar e indeseable y un 19% refería que evitaría futuras consultas médicas al sentirse estigmatizados por su médico.

En otro estudio comparó el uso de lenguaje neutral con lenguaje que responsabiliza al paciente (el paciente no tolera la mascarilla de la ventilación mecánica vs el paciente rechaza la mascarilla de ventilación) se vio que los profesionales que utilizaban el lenguaje no neutral se asociaban con actitudes negativas hacia dicho paciente, con un menor seguimiento y una menor prescripción de analgesia.

Deberíamos evitar lenguaje que insinúe, aunque sea de forma sutil, que el paciente es responsable de los malos resultados en su salud.

Aunque hay múltiples estudios que aportan evidencia al respecto de cómo el uso del lenguaje apropiado puede mejorar la relación médico-paciente y la toma de decisiones compartidas, sería interesante realizar más estudios en el futuro que relacionen este hecho con un mejor control de condiciones crónicas como la diabetes.

Conclusiones

Gran parte del lenguaje y los ejemplos de términos expuestos en esta entrada están muy interiorizadas en nuestra práctica clínica habitual y los utilizamos casi sin pensarlo. Sin embargo, hay suficiente evidencia como para considerar este lenguaje ya obsoleto y dañino para la relación médico-paciente.

Cambiar nuestro lenguaje para facilitar la confianza, equilibrar la relación de poder y la toma de decisiones de compartidas no tiene perjuicios para los pacientes y es un paso importante y con un impacto muy positivo para promover relaciones terapéuticas basadas en la confianza.

Bibliografía:

  • Caitríona, C., Fritz, Z. (2022). Presenting complaint. Use of language that disempowers patients. British Medical Journal. 377: e066720. doi: 10.1136/bmj-2021-066720
  • Serrano Morón P., Sánchez-Gamborino del Río E., Revuelta Lucas I. (2021) “Niega fiebre”: una historia de respeto. AMF. 17(11); 644-652.

8 respuestas

  1. Muchas gracias Patri, es un tema a reflexionar y poner en práctica en la consulta

  2. Pues yo lamento decir que a mi el lenguaje de de este articulo es el que me desagrada.

    Como potencial paciente, no necesito que se hable de mi en tercera persona ni que condescendientemente se venga a decirle a los medicos como tratarme. Soy un ser humano adulto y si tengo un problema con como se expresa mi medico sobre mi soy bastante capaz de decirselo yo solito.

    Prefiero que el esfuerzo mental que le llevaria a mi doctor cambiar sus patrones de habla o expresion lo dedique a mejorar en la medicina, preocuparse por mi caso cuando se lo presente o lo utilice para disfrutar y asi este mas motivado indirectamente a hacer su trabajo.

    No creo que andar haciendo a los profesionales sanitarios temer lo que digan o como lo digna sea bueno ni para ellos ni para sus pacientes.

    Por supuesto un medico educado y amable obtendra mas confianza de sus pacientes/clientes. Esto es verdad para medicos, fruteros, mecanicos, albañiles, administrativos, taxistas, politicos.

    Y por supuesto, cualquier persona encontrara que mejora para si mismo y para su entorno si se vuelve mas asertivo y amable. Esto es verdad para medicos, taxistas, padres, profesores, deportistas, pacientes, niños, alienigenas…

    No necesitamos de ciencia cientifica ni estudios a saber con que dinero financiados (ejem, publico?) para saber esto por mas perogrullo que lo expresemos, ni el personal sanitario es una excepcion que merezca ser castigado con presiones que no tienen que ver en especifico con su trabajo.

    Me parece bien si mi medico es un borde pero eficaz en el diagnostico, y me da igual lo muy empatico que sea si cuando voy con un problema lo marea durante meses sin dar en el clavo.

    Que si que hay adultos que rechazaran a un buen medico porque sea incompetente socialmente. Exigiendo que ese medico mejore esas skills quien esta tratando infantilmente a los pacientes como sujetos incapaces de tomar buenas decisiones?

    • Buenos días José Luis y muchas gracias por su aportación
      Entendemos que no es usted profesional sanitario por lo que nos hacemos cargo de su desconocimiento de la importancia de las habilidades de comunicación en la práctica clínica
      La competencia profesional se define por cuatro pilares básicos, siendo el primero de ellos el dominio de las habilidades de comunicación seguidos de conocimientos científico técnicos, capacidad de realizar una correcta exploración física y capacidad de resolver problemas
      No se trata de ser simpático y agradable ( que si además lo es, pues mucho mejor), se trata de un manejo correcto de habilidades de comunicación para conseguir una entrevista clínica de calidad y efectiva cuyo resultado repercuta positivamente en la salud de los pacientes
      Tan incompetente es un médico que domine los conocimientos científico-técnicos y no domine las habilidades de comunicación como al contrario y ambas habilidades no son excluyentes más bien todo lo contrario
      Afortunadamente en casi todas las Facultades de Medicina del mundo, el estudio y aprendizaje de la competencia profesional de comunicación es cada vez más importante
      Saludos cordiales
      MJ Monedero. Médica de Familia del CS Rafalafena. Responsable de Docencia. Miembro del comité editorial de blog DR y Profesora asociada de Medicina de la Universitat Jaume I de Castellón

      • Estimada María José,

        Buenos días y gracias por su respuesta.

        «Entendemos que no es usted profesional sanitario por lo que nos hacemos cargo de su desconocimiento de la importancia de las habilidades de comunicación en la práctica clínica».

        Esta oración es, principalmente, una especulación ad-hominem. Que yo sea o no profesional sanitario no cambiaría en absoluto la corrección o incorrección de lo que he dicho. No sólo eso, que yo sea o no profesional sanitario no significaría, tampoco que conozca o desconozca lo que algunos consideren pilares básicos de la profesión. Por lo que no voy a entrar a aclarar nada de todo eso.

        Si entro a juzgar su oración: «Tan incompetente es un médico que domine los conocimientos científico-técnicos y no domine las habilidades de comunicación como al contrario». Esa es una valoración suya, y de algún determinado conjunto de personas.

        Pero no tiene por qué ser una valoración de todo el conjunto de personas. Como le digo, yo por ejemplo valoro muchísimo más en el médico que me atiendo los conocimientos técnicos de que disponga que si se expresa diciendo que yo «me quejo» de dolor abdominal.

        «No se trata de ser simpático y agradable (que si además lo es, pues mucho mejor), se trata de un manejo correcto de habilidades de comunicación para conseguir una entrevista clínica de calidad y efectiva cuyo resultado repercuta positivamente en la salud de los pacientes»

        No digo que se trate solo de ser simpático y agradable. Para mi no hay ningún fallo de comunicación en que el médico diga sobre mí que «niego consumir estupefacientes». Incluso que tenga una cierta desconfianza natural en mi testimonio es algo que puedo agradecer. Los seres humanos mentimos constantmente, por toda suerte de razones, y que mi médico me pueda insistir en si estoy seguro de no haber hecho algo que quizás yo mismo encuentro vergonzoso y no quiero admitir puede serme positivo. Entiendo que haya otros pacientes que esto les ofenda. Precisamente por esto no deseo que haya una visión única sobre como ejercer la práctica médica. Lo que si que considero un fallo de soberbia académica es que agluien venga a decirme que es científicamente cierto que eso ha sido un fallo de comunicación.

        Incluso llevados a las reducciones al mayor absurdo considero falsa la afirmación: Un médico que fuera ABSOLUTAMENTE incomenpetente en los conocimientos técnicos (un chaman-brujo) es un total peligro ejerciendo la medicina. Un médico ABSOLUTAMENTE incompetente en su capacidad de comunicación todavía podría ejercerla limitadamente.

        Dicho esto, estoy de acuerdo con ustedes en que a mejor competencia comunicativa se tenga, mejor se desempeña CUALQUIER actividad. Un ferretero puede ser incapaz de ayudar a sus clientes si su manera de expresarse es tan desagradable que nadie va a su tienda, por muy bien que conozca el oficio.

        Ustedes sin embargo están a la vez diciendo que no se debe tratar de forma «infantil» a los pacientes diciendo cosas sobre ellos como que «tal paciente niega consumir estupefacientes» porque implícitamente eso da entender una desconfianza en ellos que no merece un adulto.

        Y yo les señalo que hablar de los pacientes como si fueran seres a los que hubiera que proteger de antemano de que un médico escriba cosas sobre ellos en un lenguaje con connotaciones o intensión que no les agrade es tratarlos de una forma infantil, si cabe, más grave que la que desean combatir. No somos seres inertes que no podamos responsabilizarnos de nuestras experiencias.

        Repito, me parece muy legítimo que ustedes tengan una opinión sobre cual es la mejor manera de ejercer la medicina. Y que la recomienden. El problema de esto es que la presenten como una verdad sobre la práctica médica algo de un ámbito que la desborda.

        Para mi que un doctor escriba sobre mi «si niego, si afirmo, si me quejo o si siento» no es algo que valore. No siendo algo que yo lo valore, desde luego, prefiero que mis médicos no pierdan el tiempo con esas cosas.

        Si hay pacientes que si valoran esas cosas, entiendo que ellos busquen médicos que sí se preocupen por esas cosas.

        Incluso desde la perspectiva más baratamente utilitarista no es cierto que no tiene «perjuicio» para los pacientes. Existen muchos tipos de pacientes, a mi por ejemplo me generan desconfianza las personas en las que detecto que me tratan con cuidado o con una artificialidad innecesaria, lo cual puede ser resultado de poner en práctica los consejos que ustedes dan. Es decir, que tratando de hacer que me sienta más confiado me producen el efecto contrario.

        La cuestión es que yo no he venido a recorrer el camino contrario y decirles que ningún doctor utilice esos lenguajes. Entiendo que haya gente que los valore. Dejen a la gente expresarse y ejercer a su manera, y dejen que los pacientes elijamos los doctores que nos gusten. Gracias.

        Solamente un espíritu totalitario tratará de imponer que todos los médicos tengan que ser iguales y hacer que su visión de la práctica médica sea la que se ejerza en todas partes.

  3. Felicidades por el artículo que trata un tema esencial y que normalmente no se estudia en ninguna asignatura de la carrera de Medicina.
    Desde luego muchos pensamos que las formas y el trato humano en general, son muy importantes para todo en la vida, pero en el acto médico resulta esencial para que este resulte fecundo, tanto clínica como terapéuticamente.
    Y es que lamentablemente no son infrecuente los errores o desviaciones humanas, empezando con los tuteos sistemáticos, especialmente a personas ancianas y que a veces resultan chirriantes y evidentes falta de respeto, mas rechazable porque se basa en el diferente equilibrio de poder entre el médico o cualquier otro sanitario, y el paciente enfermo y por ello en situacion vulnerable

    Muchos creemos que todo lo que sea aumentar la calidad del acto medico: con un mayor respeto a la Dignidad humana, resulta tambien un progreso de la Medicina como ciencia, quizás tan importante como cualquier avance clinico o terapéutico.

    En mi blog “Humanismo medico vs burocracia” también tratamos este tema por si quieren revisarlo, especialmente en estos dos artículos: “La importancia del trato humano”, y “¿ Se debe tutear a los pacientes? https://humanismomedico.blogspot.com/2012/05/la-importancia-del-trato-humano.html https://humanismomedico.blogspot.com/2013/10/se-debe-tutear-los-pacientes.html
    Gracias

  4. Hola, buenos días. En respuesta a la entrada del blog y a los comentarios previos, mi visión como médico especialista es que ha de existir un equilibrio entre los conocimientos teóricos y las habilidades comunicativas en la relación médico-paciente. Todos conocemos yo creo a algún compañero «áspero» del que oímos a los pacientes quejarse. Está bien conocer el feedback que dan los pacientes sobre los informes médicos, al fin y al cabo nos debemos a ellos. Pero personalmente me niego a tratar al paciente como un «cliente». Todas estas sugerencias lingüísticas me hacen pensar en el paciente más como cliente que como paciente.
    *Si el paciente tiene un IMC de 38, el paciente es obeso, lo mires por donde lo mires. Si estás con 250 de glucemia a pesar del tratamiento, el paciente está mal controlado se mire por donde se mire, y no tiene por qué ser su responsabilidad por poner estas palabras.
    *Si el paciente dice tener dolor, en realidad no pongo en duda si tiene dolor o no por decir «refiere». La palabra «referir» es sinónimo de describir, contar, explicar…
    *Por otra parte, aun queriendo hacer un abordaje holístico, es complicado estar al tanto de la clasificación actual de los trastornos mentales o el nombre en concreto que se le da a x asunto.
    En realidad creo todo esto no es sino una manifestación más de lo que vivimos en la sociedad actualmente, en la que cualquier palabra se está tomando como una ofensa en algunos ámbitos. En mi opinión el sistema sanitario español tiene problemas bastante más importantes que solucionar, y que sin duda alguna afectan mucho más al paciente.

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